En la Comunidad Valenciana, 517 colegios de primaria están registrados en la plataforma Dytective, lo que representa un 34 % del total de la comunidad, de los cuales 263 se encuentran en la provincia de Valencia.
En Alpartir, una localidad agrícola de la Zaragoza rural, la escuela es mucho más que un edificio: es el corazón del pueblo. En las tres aulas del colegio Ramón y Cajal conviven 45 niños y niñas de distintas edades, lenguas y realidades, y también una forma de entender la educación basada en la inclusión. Allí, la herramienta digital Dytective ayuda a tratar el riesgo de dislexia y otras dificultades de aprendizaje. Impulsada por la Fundación ”la Caixa”, la iniciativa hoy llega a más de 4.400 colegios de primaria de toda España. Para Khloe, una de las exalumnas del colegio alpartiriense, ese cambio marcó el inicio de otra vida posible.
El CEIP Ramón y Cajal de Alpartir es una escuela con tres aulas multigrado en las que aprenden juntos niños y niñas de distintas edades, niveles y procedencias. En un entorno marcado por la diversidad cultural y lingüística, el equipo docente trabaja desde hace años con un enfoque inclusivo que pone el acento en la atención personalizada y el tratamiento de las dificultades de aprendizaje.Gracias a la colaboración entre la Fundación ”la Caixa” y Change Dyslexia, el centro tiene a su disposición la herramienta sin coste, lo que facilita una intervención ajustada a las necesidades de cada alumno.
En Alpartir, localidad de poco más de 600 habitantes situada en la comarca de Valdejalón, a 60 km de Zaragoza, el motor económico es la agricultura. La recogida de fruta es la principal actividad para decenas de familias migrantes, fundamentalmente de origen magrebí. «Muchas de estas familias eran temporeras que iban de un lado para otro, pero poco a poco han decidido fijar su residencia aquí y nos viene muy bien, ahora que se habla tanto de la España vaciada, porque nos permite mantener servicios públicos como los sanitarios y el colegio público», explica Juan Antonio Rodríguez, director del centro. Este granadino lleva 25 años en Aragón y 18 como docente en Alpartir. «Mi trabajo siempre estuvo en la zona rural, de verde en verde, donde nadie quería ir», confiesa.
La experiencia de Alpartir no es una excepción. Bajo el impulso de la Fundación ”la Caixa”, Dytective se ha implementado ya en más de 4.500 centros educativos de España —1 de cada 4 colegios— y ha llegado a más de 55.100 alumnos de todas las comunidades autónomas, lo que la ha convertido en una de las herramientas digitales con mayor implantación en la detección del riesgo y el tratamiento de dificultades de aprendizaje.

«De pequeña, en el otro colegio, me llamaban “tortuga”»
«Hola, chicos, soy Khloe. ¡Buena semana!». Una carita sonriente y un corazón dibujados con tiza en la pizarra acompañan la frase que ha dejado de recuerdo para el alumnado y el profesorado de su antigua escuela, el CEIP Ramón y Cajal.
Khloe acaba de sacar un 10 en un examen de inglés y su madre, María Ruiz, es la primera en enterarse de la nota. Estudia segundo de la ESO en un colegio de Zaragoza dentro del denominado Plan de Aprendizaje Inclusivo (PAI) para atender al alumnado con necesidades especiales. El año que viene pasará al curso ordinario del instituto. «Mi vida ha cambiado mucho y tengo un poco de miedo de pasar a tercero. Creo que iré por la rama de humanidades», comenta.
De lo que no se olvida Khloe es del centro de primaria que le cambió la vida para siempre, el Ramón y Cajal. En sus aulas, pasillos y patios de juego se ha demostrado que la inclusión es posible.
«Desde que era muy pequeña noté que algo pasaba», recuerda su madre. «En el anterior colegio, en el ciclo de infantil, le costaba más hacer las cosas, aunque los profesores me decían que todo estaba bien. En primaria, las diferencias se notaban más y nos vimos en una situación de incomprensión por parte del centro y del profesorado. La situación empezó a afectar a las relaciones sociales de Khloe: su integración en los juegos y en las actividades cada vez era más difícil».
«En el aquel colegio», comenta Khloe, «me llamaban muchas veces “tortuga” porque era muy lenta haciendo las cosas. Me quedaba chof y no entendía por qué me lo decían. Me costaba enterarme de las cosas. Ahora también me pasa, necesito más tiempo, pero ya sé por qué».
Con 8 años, Khloe cambió de escuela y llegó a Alpartir. «Buscábamos un proyecto educativo alternativo, un modelo más amable que le diese respuestas. No puedes tachar a una niña de vaga cuando el esfuerzo que hacía en casa para hacer los deberes con 6 o 7 años era tremendo», dice María.
En el CEIP Ramón y Cajal enseguida detectaron que a Khloe le costaba más leer, ponía frases juntas. «Eran cosas leves y que podían pasar desapercibidas», admite su madre.
Desde 2017, el centro utiliza la aplicación Dytective como herramienta para trabajar y mejorar las habilidades de lectura y escritura a partir de los 7 años, e incorpora además un test de cribado que permite conocer qué parte del alumnado presenta dificultades de aprendizaje. A veces aparecen casos de dislexia y otros tienen que ver con la diversidad del aula al haber un porcentaje importante del alumnado que no tiene el español como lengua materna.
«El 60 % son niñas y niños de familias con origen extranjero; un 10 % tiene dificultades de lectura, escritura y matemáticas, y un 30 % se encuentra en riesgo de exclusión social», describe el director.
En la escuela hay 45 alumnos que se reparten en tres clases: la de los pequeños (ciclo de infantil), la de los medianos (con edades entre 7 y 10 años) y el aula de mayores (para los cursos cuarto, quinto y sexto de Primaria). «Son aulas multigrado, donde se mezclan edades y niveles. Todas las evidencias científicas dicen que la heterogeneidad enriquece, ayuda a avanzar, y que se produce una colaboración entre generaciones y no solo con el alumnado, también con las familias», dice José Antonio.
Dytective, una app que fomenta el aprendizaje y la atención
Una vez realizado el test (cribado), los equipos de orientación hacen un estudio específico de los casos en los que se haya detectado posibilidad de dislexia o de otras barreras de aprendizaje causadas por el desconocimiento de la lengua.
Cada día, en sesiones de 20 minutos y con dispositivos personales de tipo tableta, ese alumnado realiza un entrenamiento cognitivo a través de juegos y enigmas. «Dytective es una aplicación que fomenta la atención al no tener chats ni otros elementos de distracción, en la que cada alumno mete su contraseña y durante la actividad va superando retos. Tienen que ordenar palabras, escribir oraciones o encontrar al “intruso”, y dependiendo de la edad va cambiando de nivel», comenta Raquel Gistas, profesora de inclusión de la escuela.
Semanalmente, Dytective envía un informe sobre el progreso del alumno o alumna y eso nos permite plantear actividades concretas. «Y no solo para ese alumnado. Siempre trabajamos por proyectos y estaciones (grupos de trabajo) y pensamos en actividades en las que trabaje toda el aula», explica el director.
«Cuando me hicieron el test, me explicaron qué era la dislexia y me quedé fascinada cuando vi que había más personas como yo. Cuando llegué a casa, mi madre me lo aclaró con unos dibujos de cerebros», dice Khloe. «Le dibujé tres cerebros con edificios. En un cerebro, los edificios eran de diferentes formas, en otro estaban más juntos o separados, y en otro había más cantidad o menos, e intenté explicarle cómo funcionaba el suyo a la hora de entender las cosas y cómo tenía que hacer conexiones diferentes. Pero sobre todo le dije que eso no era un problema, solo había que saber cómo funcionaba», reconoce la madre.
«La dislexia es otra forma de pensar. Es como un superpoder»
Al preguntar a Khloe cómo explicaría a otra persona qué es la dislexia, se queda pensando. «Es otra forma de pensar. Es como un superpoder, una forma de ver las cosas más abierta, te das cuenta de cosas que los demás no ven. Le dije una vez a mi madre que todos tenemos unos espejos que nos sirven de camino: los neurodivergentes los tienen más revueltos, colocados de otra manera, y la luz va para todos los lados; la gente normal los tiene alineados y la luz va en una dirección. Si eres consciente, puedes ir alineando algunos espejos y otros no».
«El uso de la herramienta Dytective fue un antes y un después: de no poder afrontar las dificultades a conocer qué se puede hacer y mejorar», admite la madre de Khloe.
La dislexia es una barrera social y académica que siempre está presente, «se mantiene durante toda la vida porque el modelo de enseñanza está montado así». Por eso, reclama que Dytective se adapte para que sirva de acompañamiento también a partir de la adolescencia. «Debería ampliarse a la enseñanza secundaria, no tanto para asentar el lenguaje sino también para adquirir técnicas de estudio, organización y rapidez. Si quieres seguir estudiando, necesitas esa comprensión que te aporta la aplicación. La dislexia no es una incapacidad por falta de inteligencia, es una dificultad de aprendizaje que afecta a tu vida académica y también a tus emociones».
Trastornos del neurodesarrollo y malestar emocional
De hecho, un reciente estudio del Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa” ha alertado de que los niños con trastornos del neurodesarrollo —y en especial las niñas— presentan mayor malestar emocional, un impacto que también acusan con fuerza sus familias. El estudio ha contado con la participación de 300 familias con niños de entre 6 y 12 años con dislexia, discalculia o trastornos del desarrollo del lenguaje (TDL) y por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

El colegio rural de Alpartir fue uno de los elegidos en 2017 para participar en la prueba piloto del ensayo de Dytective después de ser reconocido con la medalla al mérito educativo del Gobierno de Aragón y de recibir un premio a la convivencia del Ministerio de Educación.
Sus docentes, con José Antonio al frente, contactaron con la investigadora española Luz Rello, doctora en Ciencia Computacional y creadora de la aplicación, para poder utilizar la herramienta. «Ahora, gracias al programa EduCaixa, disponemos de ella de forma gratuita y no solo para la dislexia. Los usamos de forma generalizada, pero no podíamos pedir a familias con pocos recursos que pagasen la app; antes lo asumíamos en el colegio», añade el director.
Rello, diagnosticada con dislexia a los 10 años, dedica gran parte de su vida profesional a profundizar en este trastorno del aprendizaje. Como ha confesado, «lo más duro fue lo emocional: pensar que eres más tonto que tus compañeros, tener menos amigos, escuchar risas en clase… Cuando no puedes confiar en lo que lees o escribes y no entiendes por qué, pierdes confianza en ti misma. Es habitual que las personas con dislexia tengan baja autoestima».
A Khloe se la nota feliz. Es una chica risueña que está deseando bailar en la escuela de su barrio, que escucha a la cantante y compositora Billie Ellish y a la banda de rock uruguaya El Cuarteto de Nos, y que no para de dibujar cómics. También piensa en sus estudios futuros: «Me interesan la rama de criminología de la psicología porque me interesa saber cómo funciona el cerebro de los criminales y también la pedagogía para poder ayudar a personas que tengan el mismo superpoder que yo», sonríe.
Una escuela reconocida e implicada
El CEIP Ramón y Cajal de Alpartir ocupa una edificación de una sola planta con un tejado a dos aguas y con paneles solares. Está rodeada de cultivos y lomas. Las zonas comunes son muy coloridas y estimulantes. Un mosaico sobre azulejo reza: «Para educar a un niñ@ hace falta el pueblo entero». Hay mandalas tejidos que decoran los techos de la zona acristalada donde niñas y niños se reúnen en asambleas y un espacio para producir mermelada casera.
En las paredes del pasillo están los reconocimientos a su labor, reproducciones de obras maestras de la pintura y biografías redactadas por los niños de personajes como la propia Billie Ellish; Hipatia, la primera matemática reconocida de la historia; Bethany Hamilton, surfista de EE. UU. que sobrevivió al ataque de un tiburón, o Robaba Mohammadi, artista afgana que al no poder mover brazos y piernas aprendió a pintar con la boca.

«La principal ventaja que tenemos los maestros rurales es la cercanía con las familias y el territorio. Y más en un pueblo donde todas las actividades culturales, encuentros o conciertos están organizados por las asociaciones. En este contexto, el colegio es un participante más. Nuestro reto es dar a conocer al alumnado y las familias el patrimonio cultural, natural y social de la localidad donde residen», asegura Juan Antonio.
Raquel, la profesora de inclusión, coincide en que la diversidad que se da en el pueblo y en la escuela no es un obstáculo, «son circunstancias que enriquecen». Quizá algo tenga que ver el significado de la palabra Alpartir. «En árabe significa ‘el regalo’», afirma el director de la escuela, y añade: «Cuentan que antes la gente se desplazaba desde zonas más áridas y desérticas de Aragón y al llegar a esta zona se encontraban un valle muy fértil, un regalo».
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