Las críticas por el retoque de las candidatas de 2027 han terminado abriendo un debate sobre exposición pública, redes sociales y límites
Las fotografías oficiales de las candidatas a Falleras Mayores de Valencia 2027 han terminado generando bastante más conversación de la prevista. Lo que empezó como la publicación habitual de los retratos de las aspirantes derivó en críticas por el tratamiento de algunas imágenes, una retirada temporal de las galerías y un debate más incómodo: hasta dónde llega la crítica cuando quienes aparecen en esas fotos son mujeres y, en muchos casos, niñas.
Las fotos, bajo la lupa
Junta Central Fallera publicó las imágenes de las 146 candidatas preseleccionadas, 73 mayores y 73 infantiles. Poco después, comenzaron a circular comentarios en redes sobre el aspecto de algunos retratos, con usuarios que consideraban que el retoque era excesivo y que los rostros aparecían demasiado suavizados o modificados.
La controversia creció cuando las galerías desaparecieron durante varias horas de la web oficial. Algunos relacionaron esa retirada con las críticas, aunque la explicación trasladada desde el organismo fallero fue distinta: se habían detectado errores en la identificación de algunas aspirantes y en la presentación de nombres, comisiones y sectores.
Una vez corregidos esos fallos, las mismas fotografías volvieron a publicarse. No consta que JCF haya anunciado una nueva sesión ni que vaya a sustituir las imágenes actuales. Tampoco existe confirmación oficial de que se haya utilizado inteligencia artificial en su elaboración o edición.
Si pones el video de las candidatas a Fallera Mayor de Valencia a velocidad x2, sientes un estado de psicodelia difícilmente superable pic.twitter.com/HiCiWcEqA3
— Requena (@JRequena89) September 2, 2026
La crítica cambia de tono
Hasta ahí, la discusión entra dentro de lo razonable. Puede debatirse si una fotografía institucional está bien resuelta, si el tratamiento es demasiado evidente o si una imagen representa de forma natural a quien aparece en ella. El problema empieza cuando la conversación abandona la técnica y se desplaza hacia el físico de las candidatas.
Las redes tienen esa capacidad para convertir una imagen en material de consumo inmediato. Un comentario, una comparación o un meme pueden tardar segundos en difundirse, pero detrás de cada fotografía hay una persona que no deja de serlo por participar en un proceso de elección fallero.
Y en este caso hay un elemento que obliga todavía a más cuidado: 73 de las aspirantes son menores. La exposición pública forma parte inevitable del camino hacia las Cortes de Honor, pero eso no convierte cualquier burla o comentario sobre su apariencia en algo aceptable.
Una exposición enorme
El proceso para elegir a las máximas representantes de las Fallas tiene una repercusión muy superior a la que vive una candidata en el día a día de su comisión. De repente, fotografías, nombres y actos empiezan a circular por medios, redes y grupos de mensajería entre personas que no conocen personalmente a las aspirantes.
Eso cambia por completo la escala de la exposición. Una cosa es aceptar que habrá atención pública y otra muy distinta asumir que esa visibilidad elimina cualquier límite. La crítica puede dirigirse a una decisión de JCF, al tratamiento de las fotografías o al propio proceso. Convertir el aspecto físico de una candidata en el centro de la conversación es otra cosa.
La polémica también ha llegado al Ayuntamiento. Compromís ha reclamado explicaciones sobre la publicación y retirada temporal de las imágenes y ha pedido conocer cómo se supervisó el material antes de hacerlo público.
Ahora empieza lo importante
Mientras continúa el ruido alrededor de las fotografías, las 146 candidatas afrontan en septiembre las pruebas y jornadas de convivencia que reducirán la lista hasta las 13 mayores y 13 infantiles que integrarán las Cortes de Honor de 2027.
De ese grupo saldrán posteriormente la Fallera Mayor de Valencia y la Fallera Mayor Infantil. Ese es, al final, el proceso que debería ocupar el centro de la atención.
La discusión sobre las fotografías puede servir para revisar cómo se presenta públicamente a las candidatas y cómo se gestionan unas imágenes oficiales. También deja otra reflexión bastante sencilla: se puede cuestionar una fotografía sin convertir a la persona retratada en el problema.
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