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El exposoma condiciona la salud más que la genética

La esperanza de vida en España ha superado por primera vez los 84 años en 2025, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Un hito demográfico que refleja los avances sanitarios y sociales del país, pero la esperanza de vida no es un indiciador general del nivel de salud: vivir más no siempre significa vivir mejor. Por ello, el foco ya no está solo en la longevidad, sino en alcanzar una vejez funcional, con mayor calidad de vida, autonomía y bienestar.

Tradicionalmente, cuando se habla de salud se piensa en la dieta, el ejercicio físico o la genética. Sin embargo, cada vez hay más consenso científico en que el entorno pesa más que el genoma en el desarrollo de muchas enfermedades: se estima que aproximadamente un 30% corresponde a la carga genética y alrededor de un 70% al exposoma, es decir, al conjunto de exposiciones que acumulamos a lo largo de la vida.

Este conjunto de influencias ambientales y personales, que incluye la calidad del aire, la exposición a toxinas, el ruido, la inflamación o la falta de un sueño profundo, se conoce como Exposoma Humano y se ha convertido en uno de los grandes focos de la investigación científica actual. Algunos expertos señalan que su impacto sobre la salud a largo plazo puede ser incluso mayor que el de la propia carga genética.

El sueño es uno de los momentos más determinantes para la regeneración del organismo. Durante las fases profundas del descanso, el cuerpo activa procesos esenciales de renovación celular y refuerzo del sistema inmunológico. Sin embargo, cuando el sueño se ve alterado por una oxigenación deficiente, despertares frecuentes o un estado inflamatorio persistente, estos mecanismos pierden eficacia y la capacidad de recuperación se ve comprometida.

En este contexto, estudios preclínicos recientes indican que una adecuada oxigenación nocturna se asocia con una mayor eficiencia del sueño, una reducción del estrés oxidativo y una respuesta celular más equilibrada. Por ello, los esfuerzos en estas investigaciones se centran en analizar cómo el entorno de descanso puede favorecer estos procesos de forma pasiva y continuada.

Dentro de esta línea de trabajo se sitúa Biow, una tecnología que colabora con equipos científicos para estudiar cómo determinadas condiciones ambientales pueden apoyar la regeneración celular durante la noche. La tecnología de Biow crea una microcámara exposómica virtual optimizada en la habitación, generando un flujo laminar continuo libre de nanopartículas y enriquecido con energía biodisponible que llega al organismo a través de la respiración y de la piel. De este modo, contribuye a un entorno exposómico respirable más saludable, favoreciendo el bienestar general, la energía celular, un descanso más reparador y el refuerzo del sistema inmunológico.

La salud, cada vez más, no depende únicamente de lo que se hace durante el día, sino también de aquello a lo que el cuerpo está expuesto sin ser consciente de ello, especialmente mientras duerme. Un factor invisible que la ciencia empieza a considerar clave para no solo vivir más años, sino vivirlos mejor.


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